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La Ruleta: ¿Jugador Normal o Patológico?

Tal como en toda rama de la psicología existe una fina línea que separa lo normal de lo patológico, en lo que tiene que ver con la psicología del jugador de ruleta, esto se magnifica porque existe una tercera categoría de personas: el jugador profesional.

Pero para que este material sea más claro, resulta necesario definir qué es un jugador normal. Para los psicólogos, en términos generales, un jugador normal es aquel que juega cada tanto, y cuyo principal objetivo es obtener entretenimiento, aunque por supuesto, no le desagrade hacerse de un buen dinero. Por el contrario, un jugador patológico es aquel que tiene la incapacidad de dejar de jugar, aunque todas las circunstancias se presenten en su contra. Es alguien que ha perdido el control de sí mismo.

Y es aquí donde aparece la necesidad de definir una tercera categoría de jugador de ruleta: el jugador profesional. Aquel que sopesa las ventajas y los bemoles del juego, el que se propone seguir un sistema y lo consigue sin llegar a la compulsión ni a arriesgar su patrimonio ni el de sus seres queridos, es quien puede ser llamado jugador profesional.

Según los expertos, el jugador patológico no es feliz con su situación, entre otras cosas, porque el mismo juego que ama, es la causa de su ruina. Pero dado que a su pensamiento mágico se le suma un optimismo toda prueba, la mayoría no tarda en estrellarse contra la dura realidad y caer en una profunda depresión que afecta sus relaciones personales y familiares. Tan así es, que su compulsión sele impulsarle a cometer delitos para obtener dinero y continuar jugando – aunque se lo proponga, no PUEDE dejar de jugar sin un tratamiento adecuado.

Pero así como el jugador patológico no es capaz de controlar los aspectos de su vida relacionados con el juego, es probable que tampoco pueda controlar otros aspectos importantes de su vida, tales como sus relaciones laborales, o la lealtad hacia familiares y amigos, hacia los que suele convertirse en un mal pagador.

De lo desarrollado en párrafos anteriores se deduce, entonces, que aunque un jugador profesional pase mucho tiempo jugando, no constituye esto por sí solo un factor patológico. Así como cualquier otro profesional, el jugador necesita dedicar tiempo a su profesión y a ganarse la vida con ella. Es recién cuando el juego se transforma en una compulsión imposible de abandonar cuando se torna realmente peligroso y enfermizo. Los jugadores profesionales tienen siempre presente el hecho de que el control del juego de la ruleta es posible a través de los variados sistemas, pero que es IMPOSIBLE controlar el azar. Esta perspectiva es la que, lamentablemente, los jugadores patológicos suelen perder de vista.